El Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia estuvo dirigido durante buena parte de las décadas de 1980 y 1990 por un sacerdote aragonés: Manuel Pérez Martínez, conocido como el Cura Pérez.
Nacido en Alfamén, un pequeño pueblo de Zaragoza, formado en el seminario y ordenado sacerdote por Pablo VI, terminó viviendo casi treinta años en la clandestinidad y convirtiéndose en uno de los principales dirigentes de una organización guerrillera. Su trayectoria fue excepcional. La inmensa mayoría de los sacerdotes y teólogos vinculados a la Teología de la Liberación nunca empuñaron un arma. Pero precisamente por eso Pérez permite acercarnos a una de las cuestiones más controvertidas de aquel cristianismo comprometido con los pobres: ¿hasta dónde podía llegar la lucha por su liberación?

Del seminario a los sacerdotes obreros
Gregorio Manuel Pérez Martínez nació el 9 de mayo de 1943 en una familia humilde de agricultores. En 1955 ingresó en el seminario menor de Alcorisa (Teruel), donde conoció a Domingo Laín y José Antonio Jiménez. Los tres acabarían recorriendo caminos muy parecidos. En el seminario mayor de Zaragoza, Pérez entró en contacto con los barrios obreros y con la Juventud Obrera Cristiana (JOC). Comenzó a interesarse por la Doctrina Social de la Iglesia y por autores como Jacques Maritain y Karl Rahner. También leyó el Manifiesto Comunista.
Durante las vacaciones, los tres seminaristas viajaron a Francia, donde conocieron el movimiento de los sacerdotes obreros. Trabajaron como barrenderos, limpiaron hospitales y pasaron por fábricas, compartiendo las condiciones laborales de obreros y emigrantes. También entraron en contacto con los Traperos de Emaús, vinculados al movimiento creado por el Abbé Pierre. En aquellas comunidades convivían y trabajaban personas excluidas que recogían y recuperaban objetos desechados para ganarse la vida.
Todo aquello reforzó en Pérez una idea que resultaría fundamental en su evolución: el cristiano no debía limitarse a ayudar a los pobres desde fuera. Debía compartir su vida y conocer su realidad desde dentro. Al mismo tiempo, el marxismo comenzó a ofrecerle un instrumento para analizar las causas sociales de la pobreza. Para Pérez, utilizar categorías marxistas no significaba necesariamente abandonar el cristianismo. Años después resumiría así aquella transformación:
«La moral depende de la clase social a la que se pertenece. Hay moral burguesa y moral obrera. La Iglesia ha catalogado muchas veces los pecados según la moral burguesa».
La relación entre cristianismo y análisis marxista sería posteriormente una de las cuestiones más polémicas de la Teología de la Liberación.
Camilo Torres y el «amor eficaz«
En 1962, Pérez marchó a Madrid para estudiar Teología. Allí conoció la figura del sacerdote colombiano Camilo Torres Restrepo. Defendía que el mandamiento cristiano de amar al prójimo tenía consecuencias políticas. La caridad podía aliviar el sufrimiento, pero no eliminaba las estructuras que provocaban la pobreza. Era necesario conseguir que aquel amor fuera «eficaz». Pérez quedó profundamente impresionado:
«La guerrilla era para nosotros como las catacumbas. Todo lo conspirativo y clandestino que tenía el cristianismo en sus primeros tiempos estaba en la lucha de Camilo y sus guerrilleros».
Camilo se incorporó al Ejército de Liberación Nacional (ELN) en 1965 y murió pocos meses después durante su primer combate contra el ejército colombiano. En julio de 1966, Pérez fue ordenado sacerdote en Roma por Pablo VI. Un año después marchó a América Latina.

Vivir entre los pobres
En 1967 llegó a la República Dominicana y fue destinado a una de las zonas más pobres del país. Participó en la organización de campesinos para reclamar agua, alimentos y mejores condiciones de vida. Los conflictos con propietarios y autoridades terminaron provocando su expulsión del país. En 1968 llegó a Colombia. Se instaló en Cartagena, trabajó como obrero y desarrolló su actividad pastoral en barrios pobres. Su propósito era:
«Encarnarme en el pueblo, vivir con ellos sus problemas y sentirme uno más de ellos, sin marcha atrás, compartiendo con ellos el presente y el futuro».
Esta idea de encarnarse en la realidad de los pobres ayuda a comprender la Teología de la Liberación. La reflexión teológica debía partir también de la experiencia concreta de quienes sufrían pobreza y opresión. La pobreza comenzaba así a contemplarse no solo como una desgracia individual que exigía caridad, sino como consecuencia de estructuras económicas, sociales y políticas que era necesario transformar.
Golconda y la transformación de las estructuras
En 1968, varios sacerdotes colombianos comenzaron a reunirse para reflexionar sobre Populorum progressio, la encíclica en la que Pablo VI había denunciado las enormes desigualdades económicas. De aquellas reuniones surgió el Movimiento Golconda, que defendía un compromiso radical de la Iglesia con los pobres y con la transformación social. Sus integrantes denunciaban la concentración de la riqueza y la dependencia económica, y algunos utilizaban el análisis marxista. Ese mismo año, la Conferencia Episcopal Latinoamericana reunida en Medellín denunció situaciones de injusticia y habló de la necesidad de una auténtica liberación de los pueblos latinoamericanos.
No todos los integrantes de Golconda defendieron la lucha armada. Tampoco puede identificarse el movimiento con toda la Teología de la Liberación. Pero formulaba una pregunta fundamental: Si existen estructuras que producen pobreza, ¿puede un cristiano limitarse a practicar la caridad sin intentar transformarlas? Para Pérez, la respuesta acabaría siendo extrema.
El sacerdote guerrillero
Después de nuevos conflictos con las autoridades, Pérez fue expulsado de Colombia. En 1969 regresó clandestinamente y se incorporó al Ejército de Liberación Nacional. Los primeros meses fueron difíciles:
«Echaba de menos lo que tenía cuando era sacerdote y no era un combatiente más. No encontraba sentido a lo que hacíamos: las marchas, las guardias…».
Pero terminó interpretando la guerrilla como una prolongación de su compromiso cristiano:
«En América, para amar eficazmente al prójimo, no hay otro camino que la revolución».
Y llegó todavía más lejos:
«La guerrilla es un acto de amor al pueblo colombiano y reconozco en ella a Dios».
Pérez fue adquiriendo responsabilidades hasta convertirse en el principal dirigente del ELN. La organización recurrió a atentados, secuestros, extorsiones y acciones armadas que provocaron numerosas víctimas.
La pregunta resultaba inevitable: ¿cómo podía identificarse el amor cristiano con la violencia revolucionaria?
Dios, el pueblo y la revolución
Pérez nunca creyó haber sustituido a Dios por la revolución:
«¿Cambié a Dios por el pueblo? ¿Perdí mi fe en Dios? […] Yo diría que no perdí nada, sino que gané la fe en un sentido mucho más profundo».
Tampoco quiso renunciar al sacerdocio. Para él no existían dos vidas, primero sacerdote y después revolucionario. La segunda era consecuencia de la primera. Murió el 14 de febrero de 1998, después de casi treinta años en la guerrilla.
Manuel Pérez representa uno de los extremos del cristianismo revolucionario latinoamericano, no al conjunto de la Teología de la Liberación. Otros teólogos, sacerdotes y comunidades compartieron la opción por los pobres sin aceptar la lucha armada. En otro artículo he hablado, por ejemplo, de Ernesto Cardenal, que también vinculó cristianismo, revolución y compromiso con los pobres desde una trayectoria muy distinta a la del sacerdote aragonés. Pero la trayectoria de Manuel Pérez permite comprender uno de los grandes debates que atravesó aquel movimiento. No bastaba con preguntar cómo ayudar a los pobres. Había aparecido una pregunta mucho más incómoda: ¿por qué existen pobres y qué debe hacer un cristiano ante las estructuras que producen esa pobreza?
Las respuestas fueron muy diferentes. Para Manuel Pérez significó finalmente empuñar un arma. Hasta su muerte creyó que aquella decisión era consecuencia de su fe. Su vida deja así abierta una última pregunta:
¿Hasta dónde puede llegar la lucha contra la injusticia sin terminar contradiciendo el Evangelio que pretende defender?
Este artículo es una versión revisada, actualizada y ampliada del publicado originalmente en La Comuna el 11 de abril de 2018.
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