Manuel Pérez: un sacerdote aragonés en la guerrilla colombiana

Manuel Pérez, el Cura Pérez, vestido de guerrillero y armado en la selva colombiana.
Manuel Pérez, el Cura Pérez, vestido de guerrillero y armado en la selva colombiana.

Del seminario a los sacerdotes obreros

Todo aquello reforzó en Pérez una idea que resultaría fundamental en su evolución: el cristiano no debía limitarse a ayudar a los pobres desde fuera. Debía compartir su vida y conocer su realidad desde dentro. Al mismo tiempo, el marxismo comenzó a ofrecerle un instrumento para analizar las causas sociales de la pobreza. Para Pérez, utilizar categorías marxistas no significaba necesariamente abandonar el cristianismo. Años después resumiría así aquella transformación:

«La moral depende de la clase social a la que se pertenece. Hay moral burguesa y moral obrera. La Iglesia ha catalogado muchas veces los pecados según la moral burguesa».

La relación entre cristianismo y análisis marxista sería posteriormente una de las cuestiones más polémicas de la Teología de la Liberación.

Camilo Torres y el «amor eficaz«

«La guerrilla era para nosotros como las catacumbas. Todo lo conspirativo y clandestino que tenía el cristianismo en sus primeros tiempos estaba en la lucha de Camilo y sus guerrilleros».

Camilo se incorporó al Ejército de Liberación Nacional (ELN) en 1965 y murió pocos meses después durante su primer combate contra el ejército colombiano. En julio de 1966, Pérez fue ordenado sacerdote en Roma por Pablo VI. Un año después marchó a América Latina.

Guerrilleros del ELN en la región del Catatumbo, Colombia, en 2019.
Combatientes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Catatumbo, Colombia, 2019. Fotografía: TV San Jorge / Wikimedia Commons. CC BY 4.0.

Vivir entre los pobres

En 1967 llegó a la República Dominicana y fue destinado a una de las zonas más pobres del país. Participó en la organización de campesinos para reclamar agua, alimentos y mejores condiciones de vida. Los conflictos con propietarios y autoridades terminaron provocando su expulsión del país. En 1968 llegó a Colombia. Se instaló en Cartagena, trabajó como obrero y desarrolló su actividad pastoral en barrios pobres. Su propósito era:

«Encarnarme en el pueblo, vivir con ellos sus problemas y sentirme uno más de ellos, sin marcha atrás, compartiendo con ellos el presente y el futuro».

Esta idea de encarnarse en la realidad de los pobres ayuda a comprender la Teología de la Liberación. La reflexión teológica debía partir también de la experiencia concreta de quienes sufrían pobreza y opresión. La pobreza comenzaba así a contemplarse no solo como una desgracia individual que exigía caridad, sino como consecuencia de estructuras económicas, sociales y políticas que era necesario transformar.

Golconda y la transformación de las estructuras

No todos los integrantes de Golconda defendieron la lucha armada. Tampoco puede identificarse el movimiento con toda la Teología de la Liberación. Pero formulaba una pregunta fundamental: Si existen estructuras que producen pobreza, ¿puede un cristiano limitarse a practicar la caridad sin intentar transformarlas? Para Pérez, la respuesta acabaría siendo extrema.

El sacerdote guerrillero

Después de nuevos conflictos con las autoridades, Pérez fue expulsado de Colombia. En 1969 regresó clandestinamente y se incorporó al Ejército de Liberación Nacional. Los primeros meses fueron difíciles:

«Echaba de menos lo que tenía cuando era sacerdote y no era un combatiente más. No encontraba sentido a lo que hacíamos: las marchas, las guardias…».

Pero terminó interpretando la guerrilla como una prolongación de su compromiso cristiano:

«En América, para amar eficazmente al prójimo, no hay otro camino que la revolución».

Y llegó todavía más lejos:

«La guerrilla es un acto de amor al pueblo colombiano y reconozco en ella a Dios».

Pérez fue adquiriendo responsabilidades hasta convertirse en el principal dirigente del ELN. La organización recurrió a atentados, secuestros, extorsiones y acciones armadas que provocaron numerosas víctimas.

La pregunta resultaba inevitable: ¿cómo podía identificarse el amor cristiano con la violencia revolucionaria?

Dios, el pueblo y la revolución

Pérez nunca creyó haber sustituido a Dios por la revolución:

«¿Cambié a Dios por el pueblo? ¿Perdí mi fe en Dios? […] Yo diría que no perdí nada, sino que gané la fe en un sentido mucho más profundo».

Tampoco quiso renunciar al sacerdocio. Para él no existían dos vidas, primero sacerdote y después revolucionario. La segunda era consecuencia de la primera. Murió el 14 de febrero de 1998, después de casi treinta años en la guerrilla.

Las respuestas fueron muy diferentes. Para Manuel Pérez significó finalmente empuñar un arma. Hasta su muerte creyó que aquella decisión era consecuencia de su fe. Su vida deja así abierta una última pregunta:

¿Hasta dónde puede llegar la lucha contra la injusticia sin terminar contradiciendo el Evangelio que pretende defender?

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