¿Qué estaba sucediendo en la Iglesia?
En 1964, se formaba el Ejército de Liberación Nacional (ELN) para luchar contra las injusticias que sufría el pueblo colombiano. Su primera acción fue en 1965, en Simacota (Colombia). Aquel contexto político y social sería también el escenario en el que comenzaría a gestarse la Teología de la Liberación. El ELN acabaría atrayendo también a algunos cristianos y sacerdotes católicos. Su figura más emblemática sería Camilo Torres Restrepo. Tras años de compromiso político y social, Torres acabó considerando la lucha armada como una alternativa. Camilo cayó en combate en 1966 y sería considerado un mártir. Al igual que se decía de los mártires de los primeros siglos del cristianismo, su sangre sembraría con su semilla el nacimiento de muchos guerrilleros cristianos.
En 1967, murió luchando en Bolivia el símbolo por excelencia de los revolucionarios, Ernesto “Che” Guevara. Por toda Latinoamérica, empezó a circular una pintura de un Cristo con un fusil al hombro. Esta pintura era arrancada por las autoridades de todas las paredes. Sin embargo, no consiguieron arrancarla de la mente del pueblo. Cristo con fusiles, cayendo en combate, luchando junto a los guerrilleros o en pie con el puño en alto junto a mujeres e indígenas… Así eran las imágenes que se extendían por todo el continente y saltaban también a Europa, especialmente a la Francia del general De Gaulle y a la España del dictador Franco. Todo esto ponía nerviosa a toda la jerarquía católica e inspiraba a muchos cristianos. Nacía con ellos un cristianismo revolucionario latinoamericano que posteriormente confluiría en el nacimiento de la Teología de la Liberación.
El mundo entero y, especialmente, los católicos se preguntaban: ¿Qué está sucediendo en la Iglesia Católica? ¿Qué es eso de la Teología de la Liberación?
¿Qué es la Teología de la Liberación?
Aunque sus raíces son anteriores, 1968 constituye un año decisivo. La II Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín llevó la recepción del Concilio Vaticano II al contexto social latinoamericano. En dicha conferencia se estudiaron los documentos del concilio, las encíclicas de Juan XXIII y, especialmente la Populorum progressio (1967) de Pablo VI.
Mientras, el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez Merino comenzaba a formular explícitamente una “Teología de la Liberación”. La primera vez fue en una conferencia de julio de 1968, titulada Hacia una teología de la liberación. En 1971, publicó el libro Teología de la liberación. Perspectivas.
La Teología de la Liberación fue una corriente teológica surgida principalmente en América Latina durante las décadas de 1960 y 1970. Partía de la realidad de la pobreza y la injusticia social para reflexionar sobre la fe cristiana, y defendía que el compromiso con la liberación de los pobres formaba parte inseparable del mensaje evangélico.

La opción preferencial por los pobres
El clamor de los cristianos contra la explotación y a favor de la justicia y la libertad había sido una constante en todo el siglo XX. Los cristianos que dejaron su vida luchando contra el nazismo en Alemania o el franquismo en España y el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King en Estados Unidos son vivos ejemplos de ese sentir del pueblo cristiano.
Pero ahora, muchos cristianos latinoamericanos encontraron en el nuevo magisterio social de la Iglesia argumentos que reforzaban su compromiso contra la pobreza y las estructuras injustas. Desde que leyeran cómo Pablo VI les llamaba a que “respondan con amor al llamamiento de sus hermanos” (Populorum progressio 3), muchos sacerdotes latinoamericanos sentían que ese amor que pedía Pablo VI no era otro que el “amor eficaz” que defendía Camilo Torres, cuya muerte les había conmovido un año antes.

El impacto de la Populorum progressio
No se trataba de una libre interpretación de la encíclica de Pablo VI, que criticaba el colonialismo (artículo 7), atacaba las desigualdades económicas (artículo 8) y animaba a acabar con las indignidades a que las oligarquías sometían al pueblo (artículo 9). El Episcopado Latinoamericano reunido en Medellín comprendió perfectamente que la única manera de acercarse a Jesús era estar junto a los pobres y luchar junto a ellos.
Pero también los marxistas leyeron la encíclica de Pablo VI y se vieron identificados cuando declaraba que “La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos. Es decir que, la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto.” (artículo 23); cuando defendía “la expropiación si algunas propiedades sirven de obstáculo a la prosperidad colectiva” (artículo 24) o cuando afirmaba con total claridad que “un cierto capitalismo ha sido la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y luchas fratricidas, cuyos efectos duran todavía.” (artículo 26).
Por toda Latinoamérica, algunos teólogos y movimientos cristianos comenzaron a utilizar también categorías procedentes del marxismo y de las ciencias sociales para analizar las estructuras de pobreza y dependencia latinoamericanas. ¿Era esa la verdadera intención de Pablo VI? Parece bastante claro que no. Sin embargo, debemos reconocer que sectores cristianos y movimientos revolucionarios comenzaron a coincidir en algunos diagnósticos sobre la desigualdad, la dependencia económica y las estructuras de poder.
Y los curas tomaron las armas
Los católicos se sentían interpelados directamente por el Papa, ¿a la revolución? Eso creyeron leer muchos cuando Pablo VI acepta la “insurrección revolucionaria, en caso de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el bien común del país” (artículo 31), porque “la situación presente tiene que afrontarse valerosamente, y combatirse y vencerse las injusticias que trae consigo.” (artículo 32). Así, todo cristiano tiene que luchar para “reducir las desigualdades, combatir las discriminaciones, librar al hombre de la esclavitud, hacerle capaz de ser por sí mismo agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual.” (artículo 34).
Aunque los sacerdotes que decidieron empuñar las armas y formar parte de la guerrilla fueron minoría, constituían un grupo muy simbólico y significativo de aquella nueva realidad.
¿Qué fue todo esto? ¿Sigue Cristo empuñando el fusil?
Sacerdotes de toda Latinoamérica veían en Camilo Torres a ese ejemplo de mártir que luchó por lo que estaba pidiendo Pablo VI. El ELN, que había nacido inspirado en la Revolución Cubana, se convertía ahora en el ejemplo de muchos cristianos que querían acabar con las injusticias, para luchar por el Reino de Dios. Camilo Torres era el Che Guevara cristiano, aquel en quien todos pensaban cuando veían la imagen del Cristo guerrillero con un fusil al hombro.
El 11 de agosto de 1968, la catedral de Santiago de Chile apareció cerrada y en su fachada había un enorme lienzo donde se leía “Por una Iglesia Junto al Pueblo y su Lucha”. Dentro del templo, 200 cristianos, incluidos seis sacerdotes y dos religiosas, vinculados a Iglesia Joven, se habían encerrado reclamando que la Iglesia chilena fuese combativa contra el gobierno del democristiano Eduardo Frei Montalva.
En 1969, los sacerdotes José Antonio Jiménez, Domingo Laín y Manuel Pérez, nacidos en Aragón, en la España franquista, se enrolaron en las filas del ELN, inspirados por la figura de Camilo Torres.
El 3 de noviembre de 1970, el socialista Salvador Allende tomaba el poder en Chile, siendo apoyado por muchos católicos. Ese mismo año, el educador brasileño Paulo Freire publicaba el libro Pedagogía del oprimido.
En 1971, el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez Merino publica el libro Teología de la Liberación, sentando las bases teológicas e ideológicas de este movimiento, que supondría un gran quebradero de cabeza para muchos gobiernos y, especialmente, para la jerarquía de la Iglesia Católica.
Este artículo fue publicado originalmente en Al Carajo.org el 28 de enero de 2020. Para su publicación en esta web se han realizado pequeñas correcciones de estilo y se han precisado algunos datos históricos, manteniendo el contenido y el enfoque del texto original.
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