Un relato de Stephen King rodado por Rob Reiner
Rob Reiner estrenó en 1986, Stand by Me. Con guion de Raynold Gideon y Bruce A. Evans, se basaba en una novela corta de Stephen King. Llegó a España en agosto de 1987, con el título Cuenta conmigo.
En la década de 1980 se estrenaron varias películas en las que grupos de niños vivían aventuras sorprendentes. Dos ejemplos son E.T. el Extraterrestre y Los Goonies, de las que ya escribí en otras ocasiones. La diferencia es que en Cuenta conmigo ni hay nada sobrenatural ni los niños son héroes. Durante apenas hora y media encontramos a cuatro niños normales, jugando y hablando.
¿Por qué resulta entonces tan especial? ¿Qué la hizo triunfar?
(Para que la inmersión sea completa, dale al play a la banda sonora original y deja que la música te acompañe durante la lectura de este artículo. La tienes en Spotify o Youtube, lo que prefieras…)
Cuatro amigos y un muerto
Castle Rock, Oregón. Verano de 1959.
Vern Tessio escucha accidentalmente a su hermano mayor hablar sobre el cadáver de Ray Brower, un muchacho desaparecido. Vern se lo cuenta a Gordie Lachance, Chris Chambers y Teddy Duchamp. Los cuatro toman una decisión perfectamente razonable cuando tienes doce años y absolutamente disparatada cuando eres adulto: irán a buscar el cadáver. Inventan una excusa para pasar la noche fuera y comienzan a caminar siguiendo las vías del ferrocarril.
El argumento podría resumirse prácticamente en eso: cuatro niños andando y hablando. Hablan de comida, chicas, dibujos animados y todas esas cuestiones absolutamente trascendentales que ocupan la cabeza de un niño de doce años. Se insultan, se gastan bromas, discuten, cuentan historias y hacen el idiota.
Y, entre una tontería y otra, descubrimos que cada uno lleva consigo algo demasiado grande para su edad.

Gordie, Chris, Teddy y Vern
La historia la cuenta, 25 años después, Gordie Lachance, convertido en escritor. Interpretado por Wil Wheaton, sufre por la muerte de su hermano mayor, pero también por unos padres tan hundidos en su propio duelo que parecen haber olvidado que todavía tienen otro hijo. Gordie quiere escribir y posee una extraordinaria imaginación, pero solo Chris parece reconocer su talento.
Chris Chambers, interpretado por River Phoenix, es el corazón del grupo. Procede de una familia con pésima reputación y siente que el mundo adulto ya ha decidido que acabará siendo un delincuente. En una de las escenas más dolorosas confiesa que robó dinero en el colegio, se arrepintió y se lo entregó a una profesora para devolverlo. Ella se quedó con el dinero sabiendo que nadie creería al chico problemático de la familia Chambers. Chris llora porque ha descubierto algo terrible: un adulto en quien confiaba se aprovechó precisamente de que nadie confiaba en él.

Teddy Duchamp, interpretado por Corey Feldman, es ruidoso, impulsivo y temerario. Su padre le quemó una oreja contra una estufa durante uno de sus ataques de violencia. Sin embargo, Teddy continúa hablando orgullosamente de él como veterano de guerra. Necesita conservarlo como héroe porque aceptar que el hombre al que quiere es también quien le hizo daño quizá resulte demasiado doloroso.
Y Vern Tessio, interpretado por Jerry O’Connell, es miedoso, ingenuo, regordete y torpe. Aporta algunos de los momentos más divertidos y cumple una función fundamental: mientras los otros tres soportan conflictos demasiado grandes, Vern nos recuerda que siguen siendo niños.
Una película que se tomaba en serio a los niños
Rob Reiner quiso que la amistad entre los cuatro actores existiese también fuera de la pantalla y les hizo convivir durante dos semanas antes del rodaje. La complicidad que vemos en la película existía en la realidad.
Cuando éramos niños, sentíamos que Gordie, Chris, Teddy y Vern eran como nosotros. Aunque no compartiésemos sus problemas, reconocíamos su manera de hablar, de relacionarse y de contemplar el mundo. Pero había algo que entonces quizá no sabíamos expresar: Cuenta conmigo se tomaba muy en serio a los niños. No consideraba pequeños sus sentimientos simplemente porque quienes los experimentaban fueran pequeños. Comprendía, además, algo esencial de la infancia: un niño puede estar sufriendo muchísimo y cinco minutos después reírse con sus amigos, decir una barbaridad o discutir sobre dibujos animados.
La infancia puede ser luminosa y dolorosa al mismo tiempo.

Lo que no vimos nosotros
Cuenta conmigo se transforma cuando volvemos a verla de adultos. No ha quedado reducida a un recuerdo infantil. Ha crecido con nosotros.
De niños, Teddy nos parecía loco; ahora vemos a un niño maltratado que necesita seguir queriendo a su padre. Vern nos hacía gracia; ahora advertimos también su inseguridad y su necesidad de pertenecer al grupo. Chris era el líder fuerte; ahora vemos a un niño aterrorizado ante la posibilidad de no poder escapar del destino que otros han decidido para él. Y pensábamos que Gordie estaba triste por la muerte de su hermano; ahora entendemos que siente haber perdido también a sus padres.
Incluso las escenas de aventuras se contemplan de otra manera. Antes queríamos dormir con ellos en el bosque y correr junto a las vías. Ahora pensamos: “¿Qué hacen esos críos ahí?”.
Hemos cambiado de lado. Antes queríamos formar parte del grupo. Ahora los vemos con ojos de adultos.
Y entonces descubrimos algo bastante oscuro debajo de toda la luminosidad de Cuenta conmigo: los adultos no salen especialmente bien parados. Los niños, decepcionados por ellos, terminan construyendo entre sí la red de protección que los mayores no han sabido proporcionarles.
Encontrar el cuerpo
La aventura comienza porque quieren encontrar un cadáver. Se imaginan incluso convertidos en héroes. Y entonces lo encuentran. Gordie observa las zapatillas de Ray Brower y comprende que aquel muerto era un niño como ellos. Tenía casa y familia. Salió un día y nunca regresó.

El descubrimiento destruye la fantasía que los había llevado hasta allí. Salieron buscando un cadáver, pero regresaron descubriendo qué clase de personas querían ser. Porque el verdadero viaje de Cuenta conmigo no consiste en llegar hasta Ray Brower. Es ese otro viaje, mucho más difícil de señalar. Es el viaje que nos lleva a dejar de ser niños.
La mirada del adulto
Quizá por eso esta película me toca ahora de una manera diferente. El vértigo de crecer, ese instante en que todavía eres un niño, pero empiezas a intuir que la infancia no durará para siempre, terminó apareciendo también muchos años después en mi novela Primavera en Camelot.
Pero allí, como ahora descubro al volver a Cuenta conmigo, hay también otra mirada: la del adulto que recuerda. Crecer supone dejar cosas atrás y solo mucho después comprendemos cuáles fueron las últimas veces. La última tarde con aquella pandilla, el último verano en que todavía fuimos niños, el momento en que determinadas amistades parecían destinadas a durar para siempre.
Por eso ahora nos identificamos con el Gordie Lachance adulto, el escritor, cuando recuerda aquella época: “Nunca volví a tener amigos como los que tuve cuando tenía 12 años.”
Nuestra pandilla infantil también parecía indestructible. Creíamos que nada nos separaría. Sin embargo, dejamos de vernos, cambiamos de amigos… Muchas veces no hubo peleas ni discusiones. No pasó nada. Simplemente, la vida nos separó.
Cuando éramos niños, vimos una película en la que cuatro amigos marchaban a buscar un cadáver. Ahora, cuarenta años después, vemos a esos niños alejarse por las vías del tren y sabemos que aquel viaje nunca trató realmente de encontrar a un muerto.
Trataba de despedirse de la infancia.
Siendo niños, vimos una película sobre quiénes éramos. Ahora vemos una película sobre quiénes fuimos.

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