E.T.: El Evangelio según los niños

Cartel de la película E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982).
Cartel de E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982). © Universal Pictures.

1. UNA FAMILIA ROTA: EL PUNTO DE PARTIDA

La historia comienza en una familia sin padre, marcada por la precariedad emocional y la soledad. Aunque no haya miseria extrema, hay abandono, desestructuración y fragilidad, realidades muy reconocibles en la clase obrera de las sociedades capitalistas.

La madre sobrevive como puede. Los niños se crían solos. No hay comunidad que sostenga. Este no es un detalle menor: el Evangelio siempre empieza ahí, en casas frágiles, no en palacios. Y la Teología de la Liberación nos recuerda que Dios se revela en la vida concreta de los pobres, no en abstracciones.

2. EL EXTRANJERO PERSEGUIDO: CRISTO COMO OTRO

E.T. es el otro absoluto: extranjero, inútil para el sistema, improductivo, incomprensible… Por eso, la reacción del poder es inmediata: control, persecución, encierro, disección. El Estado, la ciencia sin ética y la autoridad adulta actúan como un bloque represivo. Aquí es donde aparece con claridad la lectura cristológica: como Jesús, su Reino no es de este mundo. No puede integrarse en un sistema que solo valora lo útil, lo rentable y lo controlable. No hay negociación posible. Solo huida… y denuncia.

3. «DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MÍ» (MATEO 19, 13-15)

Uno de los elementos más claros del paralelismo evangélico es este: solo los niños entienden a E.T. Los adultos no pueden verlo. Cuando creen verlo, ya lo han convertido en objeto. Elliott se lo explica a su hermana con una frase que podría estar en cualquier Evangelio apócrifo: “Los adultos no pueden verlo.” Jesús lo expresa de otro modo: “Dejad que los niños se acerquen a mí, pues de los que son como ellos es el Reino.” (Mateo 19, 13-15)

La infancia aparece aquí como lugar teológico privilegiado, algo central en la Teología de la Liberación: los últimos, los pequeños, los invisibles… entienden antes el Reino. Es la “opción preferencial por los pobres”, reivindicada por el Papa Francisco.

Gertie, la hermana pequeña de Elliott, da un beso a E.T. en la frente, en el momento de su despedida.
Fotograma de E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982). © Universal Pictures.

4. «YO SOY LA LUZ DEL MUNDO» (JUAN 8, 12)

El dedo luminoso de E.T. no es un recurso estético: es signo que cura, repara y devuelve la vida. Su luz hace que la planta seca resucite y que el dedo de Elliott sane. La vida vuelve donde parecía imposible. No es magia: es amor encarnado que restaura. Como en el Evangelio, el milagro no busca espectáculo, sino devolver dignidad y esperanza.

5. ENCARNACIÓN: VIVIR LA VIDA DEL OTRO

E.T. no se limita a acompañar a Elliott. La sanación del dedo de Elliott hace que E.T. comparta la vida del niño y sienta lo que él siente. No es Elliott quien asciende: es E.T. quien desciende. Eso es encarnación en sentido pleno: Dios no se impone desde arriba, comparte la fragilidad humana, al hacerse humano.

La Teología de la Liberación insiste en esto: no hay salvación sin encarnación en la historia concreta. No hay salvación si no compartimos el sufrimiento de los débiles y nos salvamos con ellos. Los teólogos de la liberación no son salvadores de los pueblos oprimidos. Se hacen uno más, para salvarse juntos.

Por eso, la sanación del dedo de Elliott cambiará al niño para siempre, como veremos en el punto siguiente.

6. AMOR EFICAZ: DE LA COMPASIÓN A LA ACCIÓN

Elliott era un niño miedoso, sin amigos, asocial. Pero participar de la naturaleza de E.T. le da confianza y le lleva a rebelarse contra lo que cree injusto. Esa transformación la representa Spielberg con una escena gamberra y graciosa, cuando el chico decide liberar a las ranas que van a diseccionar los niños en clase. Elliott ha perdido el miedo y tiene el valor de enfrentarse al poder. El niño sin amigos consigue que todos sigan su ejemplo y liberen a las ranas. Como remate de la escena, el niño marginado se lleva el beso de la chica popular de la clase. El amor eficaz es el que transforma internamente, para transformar a los demás y, entre todos, combatir las estructuras injustas. El amor eficaz de la Teología de la Liberación hace que la clase obrera tome conciencia de su situación de injusticia, se una y se rebele contra el poder. Igual que decían Camilo Torres y todos los teóricos de la Teología de la Liberación, la fe en Jesús no puede ser algo abstracto, tiene que comprometer contra la injusticia y el sufrimiento de los débiles.

El contacto de E.T. ha transformado a este niño, al igual que el amor de Jesús transforma al creyente. El niño ya no es miedoso, ni asocial. Se ha convertido en el profeta que acompañará a los demás en el cambio, al igual que los curas guerrilleros acompañan a los indígenas en su liberación.   

La escena de las ranas no es anecdótica, sino esencial en la película. Bajo su apariencia de travesura, es pura Teología de la Liberación. No se puede convivir con un sistema injusto. La obligación del cristiano es rebelarse contra él. La clase obrera debe unirse contra la opresión. Cristo y Marx dialogan.

Elliott y E.T., plenamente identificados entre sí, miran por la ventana en la penumbra.
Fotograma de E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982). © Universal Pictures.

7. RESURRECCIÓN QUE TRANSFORMA

La resurrección de E.T. no es solo biológica. Es resurrección histórica. Transforma a Elliott de niño miedoso en niño valiente, de marginado en líder moral, de solitario en referente comunitario.

La fe no lo evade del mundo: lo capacita para enfrentarse a él. Eso es exactamente lo que la Teología de la Liberación entiende por resurrección: vida nueva aquí y ahora.

8. «SI TENÉIS FE…» (MATEO 17, 20)

La escena de las bicicletas no es fantasía infantil: es acto de fe colectivo. Elliott no manda por fuerza. Manda porque su autoridad nace del amor vivido. Los otros niños, que antes se metían con él, lo siguen porque confían. Y la fe, literalmente, los hace volar. No es casual. Es una imagen perfecta del Reino: los pequeños, unidos, venciendo a un poder injusto.

Elliott (con E.T. en la cesta de la bicicleta) y sus amigos, se disponen a lanzarse a volar con las bicicletas.
Fotograma de E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982). © Universal Pictures.

9. EL REINO NO SE QUEDA: DEJA HUELLA

E.T. no se queda en la Tierra. Al igual que Jesús, se marcha. Los dos se van, pero los dos dejan memoria, transformación, signos de vida. E.T. se va, pero señala el corazón de Elliott y le dice: “Yo estaré siempre aquí”. Jesús se despide de sus discípulos diciendo: “Yo estaré siempre con vosotros” (Mateo 28, 20).

10. CONCLUSIÓN: UNA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN EN CLAVE INFANTIL

En resumen, E.T. el Extraterrestre puede leerse, con toda legitimidad, como una parábola de la Teología de la Liberación porque:

  • Parte de la vida concreta de una familia obrera.
  • Pone en el centro a los pequeños y excluidos. 
  • Denuncia al poder que oprime y persigue a los débiles. 
  • Propone un amor encarnado y eficaz. 
  • Llama a una fe que transforma la realidad.

No es una película piadosa. Es una película radicalmente humana y, por eso, profundamente evangélica. Como nos recuerdan el Evangelio, la Teología de la Liberación y este niño en bicicleta: el amor que no lucha contra la injusticia no es amor.

 Y solo los niños, los limpios de corazón, parecen recordarlo todavía.

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