Desde la conquista de Zaragoza (1118), la catedral de la ciudad se consagró a San Salvador. También desde ese año, se declaró a San Valero (obispo de la ciudad en el siglo IV) patrono y protector de Zaragoza. Hasta el siglo XVII, la fiesta más celebrada en Zaragoza era la del Corpus Christi, en primavera. ¿Cómo consigue la advocación de Nuestra Señora del Pilar imponerse a las otras tradiciones? Vamos a conocer la historia de la Virgen del Pilar y cómo acabó convirtiéndose en la patrona de Zaragoza y su fiesta en la principal de esta ciudad.

LOS ORÍGENES DEL PILAR
La iglesia de Santa María la Mayor estaba en el lugar donde ahora se encuentra la Basílica-catedral de Nuestra Señora del Pilar. En 1293, el obispo Hugo de Mataplana decide restaurar la iglesia románica, que se encontraba en ruinas. Inició una recaudación de fondos para esta restauración, que dará lugar a una nueva iglesia, posteriormente convertida en colegiata. Durante las obras, promueve peregrinaciones a esta iglesia y, en 1297, aparece por primera vez documentada la leyenda que conocemos, en el libro Moralia, sive Expositio, in Job. La maniobra de propaganda del obispo tiene éxito. Así, se difunde por todo Aragón que, en el año 40, la Virgen María había venido en carne mortal para dar ánimos a los habitantes de Caesaraugusta.
El triunfo de esta leyenda proporciona buenos ingresos a la iglesia de Santa María la Mayor, donde se conservaba la columna (Pilar) que supuestamente había dejado la Virgen en su visita. En 1435, se coloca sobre ese pilar la talla de la Virgen que conocemos actualmente.
EL PILAR FRENTE A LA SEO
Nos plantamos en el siglo XVI, con la dinastía Habsburgo. La catedral de San Salvador (La Seo) era el lugar donde se coronaban los reyes, tras haber jurado los Fueros. Los reyes Habsburgo aspiraban a ganar poder en su persona y ese empeño chocaba con las instituciones aragonesas. Por eso, el conflicto entre ambos cabildos adquirió también una dimensión política, y la Corona intervino repetidamente favoreciendo determinadas pretensiones del Pilar. Tras la rebelión aragonesa que acaba con la decapitación del Justicia de Aragón, también se potenció la figura del apóstol Santiago, que era el patrón de Castilla, no de Aragón.
LA IDENTIDAD ARAGONESA
Sin embargo, y a pesar de los favores de la monarquía, la devoción a la Virgen del Pilar no conseguía imponerse a la preferencia de los zaragozanos por La Seo. Tampoco Santiago lograba ocupar el lugar de San Jorge, patrón de Aragón. Hacía falta un golpe de efecto y lo consiguió Felipe IV.
El año 1640 fue bastante duro para el rey, teniendo que enfrentarse a numerosas guerras y rebeliones. Las Cortes de Aragón se negaban a permitir el paso del ejército real para reprimir a los catalanes y el rey necesitaba enseguida algo que les hiciese cambiar de idea.
Y sucedió el conocido como Milagro de Calanda. El agricultor calandino Miguel Juan Pellicer Blasco fue recibido por el rey, ante quien testificó que la Virgen del Pilar le había hecho crecer la pierna que le habían amputado tres años antes. Su testimonio fue validado hasta por siete notarios. La propaganda real fue inmensa y exitosa. En 1641, la Iglesia dictaminó el hecho como milagro. Al año siguiente, en 1642, el municipio de Zaragoza proclama a la Virgen del Pilar como patrona de la ciudad, en detrimento de San Valero. Con Carlos II en el trono, en 1675, el Pilar es declarado concatedral de Zaragoza, junto con La Seo. En 1678, la Virgen del Pilar es proclamada patrona de Aragón, imponiéndose a San Jorge.
En pocos años, la Virgen del Pilar había desbancado a los patrones de Zaragoza y Aragón y el Pilar se había convertido en catedral. Por cierto, en 1645, las Cortes de Aragón acabaron aceptando la entrega de tropas y dinero a Felipe IV para la guerra de Catalunya, aunque sería excesivo atribuir ese cambio únicamente a la propaganda pilarista.

LAS FIESTAS DEL PILAR
Quedaba algo más. Era necesario que los zaragozanos celebrasen la fiesta del Pilar con la efusividad con que celebraban el Corpus Christi. Sin embargo, había un problema: la fecha. Se celebraba la venida de la Virgen a Zaragoza el 2 de enero y el clima zaragozano acompaña poco en esa fecha. La celebración de la Virgen del Pilar el 12 de octubre quedó oficialmente establecida en Zaragoza en 1613. Curiosamente, esa fecha coincidía con la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492, aunque su identificación con la expansión imperial española se desarrollaría posteriormente. En 1723, el papa Inocencio XIII concedió oficio litúrgico propio para esta celebración. En 1807, Pío VII concedió a esta fiesta carácter de rito de primera clase.
Durante el siglo XIX, continuó la identificación de la monarquía y de España con la Virgen del Pilar. Las obras para ampliar y embellecer el templo cuentan con el apoyo inestimable de los reyes. Desde el primer momento, se insistió en la ayuda de la Virgen del Pilar para salvar a Zaragoza de los franceses en la Guerra de la Independencia. La élite zaragozana también se agarró al Pilar para luchar contra un pueblo llano demasiado rebelde. Los zaragozanos protagonizaron numerosas huelgas y altercados en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. El socialismo y, especialmente, el anarquismo triunfaban entre la clase obrera zaragozana.
Una de las estrategias de la burguesía conservadora zaragozana frente a la creciente conflictividad social fue la exaltación de la figura del «baturro«. Esta palabra, utilizada originalmente de forma despectiva para designar a los campesinos y jornaleros, acabó convirtiéndose en símbolo del carácter aragonés. Como explica José María Claver Esteban en su artículo «El baturro: radiografía de una metamorfosis (1859-1905)«, publicado en la revista Andalán en mayo de 1984, la burguesía regionalista conservadora contribuyó decisivamente a esta transformación, idealizando un campesino chistoso, noble y respetuoso con las jerarquías tradicionales.
Detrás de aquella imagen se defendían valores como la sumisión del trabajador al patrón, la obediencia a la autoridad y la fidelidad a la Iglesia, frente a las nuevas ideas que cuestionaban el orden establecido. Esta representación del carácter aragonés también encontró vínculos con la devoción a la Virgen del Pilar. En ese contexto de exaltación religiosa y tradicionalista, en 1889 se creó el Rosario de Cristal.
En 1892, con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América, el Gobierno de Antonio Cánovas del Castillo declaró fiesta nacional el 12 de octubre de aquel año. Posteriormente, se planteó convertir la celebración en permanente. Con esto, quería evitar que los Estados Unidos capitalizaran esta celebración (ya llevaban años celebrando el Día de Colón o Columbus Day). Por eso, decretó el 12 de octubre como el Día Nacional de España. Quedaba unida así la Virgen del Pilar a España, convirtiéndose también en su patrona. Comenzó a desarrollarse la idea de celebrar, junto al resto de países latinoamericanos, el 12 de octubre como Día de la Raza. La Fiesta de la Raza fue declarada fiesta nacional permanente por ley el 15 de junio de 1918, decretándose que el 12 de octubre de cada año sería fiesta nacional con esa denominación.
HONORES A LA VIRGEN DEL PILAR
La Virgen del Pilar comienza, a partir de ese momento, a ser magnificada de una manera exagerada y absurda. En 1905, es coronada con un ornamento pagado por la reina regente María Cristina. En el aniversario de los Sitios de Zaragoza, en 1908, es nombrada Capitán General, por su defensa de la ciudad. Posteriormente, en 1913, es proclamada como patrona de la Guardia Civil. La Virgen del Pilar se había convertido en un mito que trascendía ya tanto a Zaragoza como a Aragón.
La devoción a la Virgen del Pilar se extendía ya por toda España y los nacionalistas veían en ella y en el Día de la Raza dos símbolos perfectos de su imperialismo. Por eso, el fascista Ramiro de Maeztu defendió, en 1931, cambiar el nombre de Día de la Raza a Día de la Hispanidad. La propuesta de sustituir Día de la Raza por Día de la Hispanidad había sido defendida por el sacerdote español Zacarías de Vizcarra, residente en Argentina, desde la década de 1920, imaginando la unión de España con Latinoamérica como un triunfo de la raza, la cultura y la lengua españolas.
EL PILAR Y EL FRANQUISMO
Al dictador Francisco Franco le vino muy bien la idea imperial unida a la Virgen del Pilar. El 12 de octubre se convirtió en el Día de la Hispanidad y la Virgen del Pilar en su patrona. Franco quería castigar y doblegar al pueblo aragonés, que tantos problemas le había dado durante la guerra. De ese modo, los supervivientes a la guerra y la represión sufrieron la imposición de un folklore, una indumentaria «tradicional» y un carácter aragonés moldeados para la ocasión por Coros y Danzas de la Sección Femenina. El baturro sumiso y cateto anhelado por los caciques zaragozanos se convertía por imposición en el verdadero aragonés, que debía ser buen español, buen católico y entusiasta de Franco.
Y nuevamente, tal como le sucedió a Felipe IV, el general Franco encontró un milagro que aunaba todos esos intereses. En 1958, se conmemoraba el 22º aniversario del milagro de la no explosión de dos bombas supuestamente lanzadas por un anarquista catalán. Al igual que en la Guerra de la Independencia, la Virgen del Pilar había vuelto a actuar. Se había puesto de parte de la Cruzada Nacional de Franco y había desbaratado los planes de los enemigos de España. Llevaban ya un tiempo pensando cómo conmemorar esto.

Decidieron imitar la ofrenda de flores que los valencianos hacían a la Verge dels Desamparats. La ofrenda valenciana es mucho más natural, ya que se celebra en marzo. Dado que octubre no es mes de flores, había que recurrir a invernaderos para poder realizar esa ofrenda. Se decretó que los zaragozanos debían acudir a la Plaza José Antonio (actualmente de Los Sitios) donde se les entregarían las flores que irían a depositar sobre una imagen de la Virgen del Pilar instalada frente a la basílica.
ACTUALIDAD
El resto lo conocemos todos. La fiesta fascista de la Hispanidad se identifica con el Día Nacional de España, por encima de una fiesta que debería ser más importante para un Estado democrático y aconfesional, como es el Día de la Constitución. En España se continúa mezclando el 12 de octubre con la fiesta religiosa, la militar, la conquistadora, la supremacista… y se insiste en que toda América celebra esa misma fiesta. De nada sirve que ya solo Guatemala y Panamá mantengan el nombre fascista de Día de la Hispanidad y el resto de las naciones americanas prefieran celebrar el 12 de octubre el Día de la Resistencia Indígena (Venezuela) o el Día de las Culturas (Costa Rica).
La ideología centralista triunfó imponiendo la Virgen del Pilar por encima de San Valero, San Jorge, San Salvador, el Corpus Christi y la verdadera catedral de Zaragoza. El Rosario de Cristal (invento de las élites conservadoras del siglo XIX) y la Ofrenda de Flores (invento franquista) se han convertido en las máximas expresiones de las fiestas del Pilar. Los zaragozanos han perdido su espíritu combativo y se unen con entusiasmo a las autoridades civiles, militares y religiosas para llevar flores al Pilar. ¿Cómo lo hacen? Vestidos de baturros. La asimilación ha triunfado y la identidad aragonesa se ha suplantado. Como dijo el dictador Franco: «España, sin la Virgen del Pilar, no sería España.»
Este artículo lo publiqué, originalmente, el 11 de octubre de 2020, en el blog Episodios Aragoneses, con el que colaboro asiduamente.
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