La bolsa o la vida, de La Bullonera: cuando el verdadero atraco es legal

En 1977, en plena Transición, La Bullonera publicó La bolsa o la vida en su segundo disco, La Bullonera 2. Con letra de Javier Maestre y Eduardo Paz sobre una música de raíz popular, la canción constituye una sátira feroz (y al mismo tiempo cargada de humor) sobre las desigualdades económicas y sociales de la época.

Los ladrones ya no necesitan pistola ni antifaz

El título juega, evidentemente, con la tradicional amenaza de los salteadores de caminos: «la bolsa o la vida». Pero La Bullonera le da la vuelta. Los ladrones de los que habla la canción ya no necesitan pistola ni antifaz. El pequeño delincuente puede acabar en la cárcel, mientras otras formas de apropiarse del dinero ajeno funcionan perfectamente dentro de la legalidad.

Uno de los primeros objetivos de la canción es la especulación inmobiliaria. Frente al ladrón tradicional aparece quien posee inmobiliarias y puede enriquecerse mediante mecanismos completamente legales. La ironía permite plantear una pregunta que recorre toda la canción. ¿Quién roba realmente y quién decide qué debe considerarse un robo?

La crítica se extiende después al mundo rural. El agricultor produce, pero entre él y el consumidor aparecen unos intermediarios que encarecen el producto y se quedan con buena parte del beneficio. La Bullonera aprovecha incluso su posición «en medio» para construir uno de los juegos de palabras humorísticos de la letra.

También hay espacio para la patronal. Ante los problemas económicos, se culpa a los trabajadores por querer ganar más, mientras quienes poseen los medios económicos defienden sus propios privilegios. La canción cuestiona así un discurso que presenta los salarios como causa de la crisis mientras evita preguntarse por el reparto de la riqueza.

Ni siquiera las instituciones salen indemnes. La supuesta protección del ayuntamiento aparece tratada con una ironía que deja pocas dudas sobre la confianza que merece a los autores.

Y queda todavía una última pulla. Si la justicia no llega en esta vida, siempre queda esperar que llegue en la otra. La promesa de una recompensa celestial aparece como consuelo ante unas injusticias que deberían resolverse aquí y ahora. Al menos en el cielo, bromea la canción, habrá «un jornalico decente».

Humor e ironía para denunciar la desigualdad

La bolsa o la vida es, por tanto, bastante más que una denuncia de los bajos salarios. Habla de especulación inmobiliaria, intermediarios, desigualdad, privilegios empresariales, instituciones y resignación religiosa. Todo ello desde una perspectiva inequívocamente popular y de izquierdas. Pero uno de sus mayores aciertos está en la forma de hacerlo. La Bullonera no construye un discurso solemne. Utiliza el humor, la ironía, los juegos de palabras y una música de apariencia festiva para lanzar una crítica social durísima. Uno puede sonreír mientras escucha la canción y, precisamente por eso, el golpe resulta todavía más eficaz.

Casi cincuenta años después, algunas de las situaciones que denuncia pueden parecernos incómodamente familiares. Quizá por eso la pregunta que plantea la canción sigue teniendo sentido. Cuando determinadas formas de explotación están perfectamente admitidas por la sociedad, ¿quiénes son realmente los ladrones?

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