El matón del vecindario (John George Brown, 1866)

En 1866, John George Brown pintó “El matón del vecindario”.

Este pintor estadounidense realizó varios cuadros retratando a niños de la calle. Estas pinturas costumbristas guardan todas algo de crítica social.

En “El matón del vecindario”, estamos ante una de las mejores representaciones del bullying infantil de la historia del arte. ¿Qué vemos en este cuadro?

El personaje que da nombre al cuadro, el matón, está apoyado en una farola, fumando. Lo vemos orgulloso de su “hazaña”. En la puerta de lo que seguramente es una tienda, vemos a una niña que se tapa la cara mientras llora. En el suelo hay un cántaro roto y leche derramada. El abusón le ha roto su cántaro y ahora está satisfecho. Seguramente, sus padres la mandaron con dinero a la tienda para que trajera leche a casa. Va a volver sin dinero, sin cántaro y sin leche. En una familia pobre, eso era un drama. La niña lo sabe y se imagina las terribles consecuencias.

Pero aquí hay algo más que un agresor y una víctima. Tenemos a un grupo de niños que han presenciado la agresión. Brown retrata las diferentes actitudes que podemos ver en los testigos del bullying:

EL MIEDO. Vemos a un niño con camisa roja, que tiene los puños apretados. Claramente está enfadado, pero no se atreve a hacer nada, por miedo. La expresión de su rostro nos muestra claramente esa mezcla de enfado y miedo.

LA INDIGNACIÓN. Sentada a la derecha, una chica lleva un bebé en brazos. Señala con el dedo al agresor y la vemos indignada, pero ahí quedará su rabia. No piensa actuar tampoco.

LA EVASIÓN Y LA INDIFERENCIA. Al lado de la niña que llora, vemos una chica que interpela a un chico, para que actúe. Ella no se va a comprometer, pero quiere que sí lo haga él. La expresión del chico es de indiferencia. Parece que mira para otro lado, como si aparentase no enterarse de lo sucedido. Por el atuendo, podemos deducir que es quien ha atendido a la niña y le ha vendido la leche. Ni siquiera se plantea devolverle el dinero o darle leche en otro recipiente. No quiere saber nada.

LA FALSA VALENTÍA. Detrás del matón, vemos a un chavalín que agita los puños, haciéndonos ver que se atreve a dar una paliza al agresor. Sin embargo, es totalmente falso. Solo se atreve, porque el abusón no lo ve.

Frente a este mosaico de reacciones, vemos que nadie ayuda a la niña. Nadie la consuela. Esto nos pone ante una dura realidad: la víctima de bullying puede llegar a sentirse completamente SOLA.

John George Brown, El matón del vecindario (1866). Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.

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